| CANTATA ABORIGEN
La candidez de una tierra virgen
calma la sed de conquista
de los ambiciosos soñadores.
Estoy consciente de las laceraciones
que me saben a yugo y esclavitud
pero en cambio de ésas
que tienen un gusto amargo como a vetusta soledad, no,
pues gozo del rítmico sentimiento
y apoyo de mi pueblo tras estos muros del ayer.
Y sigo embarcado en recuerdos de sables y espadas
cuyo cosquilleo febril salpica los rostros
de esos enmudecidos infantes
viendo a sus padres golpear la tierra.
¡Golpear y cavar la Madre Tierra que los engendró!
Esa tierra que nunca habían tocado sus delicadas plumas
pues antes sólo volar hacían
pero ahora las cadenas y grilletes los sujetan
a los tormentos de un idioma extraño
hablado por hombres de piel metálica
y de corazones plúmbicos repletos de hiel.
Aunque me esforzara jamás podría
encontrar la simiente de este pueblo hermano
ya que cenizas y greda la han marchitado
no quedan más que suspiros enviados por el aire
como mensajes de un moribundo sueño
que renacer quisiera de sus vestigios cual Fénix.
Ciego ruido de cadenas que sujetan muñecas y tobillos
escuchan agazapados los émulos de la alondra
aguardando un amanecer de palabras en quechua y guaraní
que tejan con fino trazo el destino de toda una nación
tierra ensangrentada con hidropesía de paz
con hambre de sueños
orando por un volver, un quizás o un después.
RAMIRO ESTEBAN ZÓ
MENDOZA - ARGENTINA
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