| GRATITUDES
Me levanté muy temprano (algo inusual en mí). Había una idea que rondaba hace tiempo
por mi mente. Leía un libro que me tenía muy interesada: "Historia de la Vida
privada en la Argentina", que relataba vivencias de inmigrantes
que, entre multitudes y soledades, abonaron la historia argentina desde los años treinta
hasta la actualidad.
Entre
pausas, realizaba análisis de lo leído y poco a poco, comprendí que mi presente era la
resultante de tiempos de zozobra, de guerras, hambrunas, persecuciones . . . Que por
el túnel del tiempo y el espacio, la carga genética que me convalida hoy, se granjeó los odios y los
afectos de muchísima gente que compartió con mis ascendientes lejanos, hondas horas de
dolor, desarraigo y sufrimiento.
Esa
conciencia colectiva compartida, que horadó la piedra bautismal con cada nacimiento,
gestó sentimientos de identidad y pertenencia nuevos, que catapultaron
las personalidades de cada uno de sus miembros, abriendo así, capítulos ricos,
significativos, que "argentinizaron", lentamente, sus sentimientos, anhelos y
emociones extranjerizantes.
Uno de los inmigrantes del texto decía: "No soy de Alemania, ni soy de
la Argentina. Soy del Atlántico, estoy a mitad del camino de la ida y la vuelta."
Y yo
pensaba: existe una gran virtud, la gratitud, que por nuestra naturaleza racional,
mezquina e ingrata, no la practicamos. Una actitud que debería iluminar los actos y
acciones más solidarias del ser humano.
Y éste es
el caso. Existen infinidad de hijos de inmigrantes que hoy
rondan los 70 años, que aún siguen pensando que a la Argentina, no le deben nada. Que a
los "negros de aquí" (como los llaman) ¡ellos, los inmigrantes,
les enseñaron a trabajar!, que a los hijos y dueños de este suelo, los indígenas,
¡ellos, los inmigrantes, les enseñaron a vivir!
Quizás por
ignorancia o negligencia, tal vez, no se percataron que sus padres y abuelos, vinieron
"corridos" de la Europa, por las guerras, hambrunas, persecuciones y en el caso
de los judíos-alemanes, por un líder paranoico, xenófobo y maquiavélico, Hitler.
Quizás, no
cayeron en la cuenta que esta Patria grande y generosa que se llama Argentina, les brindó
trabajo, techo, comida y educación para ellos y sus vástagos, a riesgo de recibir nuevas
y desconocidas enfermedades que los inmigrantes acarreaban
junto a sus escuálidos y hasta inexistentes bártulos; quizás a riesgo de recibir nuevas
y foráneas idiosincrasias lesivas al orden ya creado . . . quizás, a riesgo de hipotecar
una naciente Nación con amenazantes ideales que forjaron un
fuerte ideario nacional-socialista . . . quizás, tal vez, a riesgo de rematar la ilusión
de ser verdaderamente una tierra de promisión . . .
¡La
gratitud, la gratitud . . .! queridos descendientes de
inmigrantes: la única virtud que no hace mal, cuando se la practica en exceso.
Pienso.
Siempre hay una dimensión vacante en la vida del inmigrante: la de su tierra de origen;
el exiliado y su descendencia siguen buscándola en toda clase de actividades: literatura,
cine, creaciones artísticas, comidas, costumbres, encuentros con otros exiliados. Esa búsqueda obtendría
mejores frutos, si hundieran sus anhelos en la tierra que los rescató de una muerte más
que segura e indigna y dejaran al fantasma apocalíptico del pasado, diluirse en la
"nada", seguro mausoleo para las iniquidades humanas, si proyectaran sus
esperanzas en la fiel convicción que gracias al "otro", ellos pueden hoy,
disfrutar de una prole numerosa, sana y feliz. De un futuro
esperanzando.
Que gracias
a este país generoso y bondadoso ¡al que le deben todo! que se llama ARGENTINA, hoy
pueden mirar hacia delante y decir: ¡GRACIAS, MADRE ARGENTINA, POR HABER RECIBIDO AL
PRÓJIMO HAMBRIENTO Y DENIGRADO!
En honor a
mis ancestros y no olvidándome que, primero, soy friense y luego
argentina, les entrego este poema y, a todos aquellos argentinos que, siendo hijos de
extranjeros, aman y respetan este querido suelo criollo, vaya mi eterno reconocimiento
para ellos:
TUMBAS DE LA GLORIA
Por mi sangre ardiente
surca el globo del naciente
y de mis ancestrales raíces, un apellido.
Débole a usted don Francisco Villanueva
la semilla de mi estirpe
y a usted don Miguel Villanueva
la cercanía parental de la llama.
En aquel lejano siglo dieciséis
sus ansias desembarcaron aquí,
en la Argentina de mis días.
Impregnaron sus espíritus
de raza aborigen y cuño.
Se consustanciaron con esta
tierra
y nacieron aquí, sus hijos, sus nietos . . .
La esperanza fue abriendo crisoles
y el país se engarzó en sus corazones.
De sus almas místicas, fecundas
brilló el resplandor del porvenir
y porvenir fue, el que hecho carne . . . sangre
entreabrió las promesas de grandeza, de argentinidad
moldeando futuros, atesorando ayeres,
combatiendo presentes.
¡Cómo no sentirme orgullosa, cómo no estarlo!
soy media hija de Castilla y otra media, Americana
y fue Semana de Mayo, intendencias, gobernaciones
instancias en que destacaron;
y hasta hubo una lejana Rusia, de zares y de poesía,
hasta allí anduvo Antonio Machado, documentando su vida
me refiero al conde Villanoskoff, una rama de este árbol.
Por mi sangre de ardiente poeta
con el abolengo y la estirpe de un escudo familiar
preservo la aristocracia de este núcleo inmemorial.
Por el plasma sideral, universalizo el sentimiento
a todos los Villanueva, de esta tierra y de otras más.
Mi sangre ardiente, surca el globo del naciente
y de mis ancestrales raíces, un apellido :VILLANUEVA.
CLAUDIA ROSSANA VILLANUEVA DE ARNDT "ROSSINA"
FRÍAS - SANTIAGO DEL ESTERO
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